Los lazaretos: aislamiento, miedo y prevención
Lugares de confinamiento y prevención, los lazaretos representaron las primeras estructuras organizadas de salud pública concebidas para contener las grandes epidemias y limitar la propagación del contagio en la comunidad.
El origen de la separación
Los primeros lazaretos se remontan a finales de la Edad Media y sobre el origen del nombre existen dos teorías principales. La primera, de carácter espiritual, hace referencia a figuras bíblicas, en particular a Lázaro, resucitado por Jesús. La segunda hipótesis se relaciona con el primer lazareto, establecido en 1423 en la isla de Santa María de Nazareth, en la laguna de Venecia. El edificio, un antiguo hospital para enfermos, era conocido como “Nazaretto”, de donde probablemente derivó el término “lazareto”, inspirado en San Lázaro, símbolo de los enfermos y los marginados.
En el siglo XV, grandes epidemias golpeaban Europa a intervalos regulares y la población no disponía de medicamentos ni de protocolos clínicos estructurados. La Serenísima, en el centro del comercio mundial, fue una de las ciudades más afectadas por la peste, la lepra y la viruela, y pronto comprendió que las enfermedades viajaban en los barcos, transmitidas por ratas y agentes infecciosos. Para proteger a la comunidad, la República de Venecia instituyó varios lazaretos, estructuras destinadas a la cuarentena de personas sospechosas de ser contagiosas.
Además del Lazzaretto Vecchio en la isla de Santa María, en 1468 se abrió el Lazzaretto Nuovo, situado en la entrada de la laguna norte, con una función más específica de confinamiento preventivo. Allí se detenían todas las tripulaciones y mercancías que llegaban antes de que pudieran acceder a los canales de la ciudad.
Cómo funcionaban los lazaretos
Los lazaretos, aunque variaban de una ciudad a otra, seguían principios comunes de aislamiento y control del contagio y se construían según criterios precisos:
- Aislamiento geográfico: a menudo se ubicaban en islas o fuera de las murallas de la ciudad para aprovechar la barrera natural del agua o del aire libre.
- Compartimentación: se estructuraban en edificios separados para enfermos, sospechosos y convalecientes, con patios interiores y espacios abiertos para favorecer la ventilación y evitar que quienes acababan de llegar (en observación) entraran en contacto con quienes ya estaban manifiestamente infectados.
- Control total: estaban rodeados por altos muros y vigilados por guardias armados; salir sin autorización significaba a menudo la pena de muerte. Incluso las mercancías eran desinfectadas y frecuentemente sometidas a cuarenta días de aislamiento.
El clima del miedo: entre estigma y fe
Entrar en un lazareto significaba cruzar el umbral de un mundo suspendido. El miedo era el sentimiento dominante: no solo el temor a la muerte, sino también al estigma. Estar “marcado” por la enfermedad implicaba la confiscación de bienes, la pérdida temporal (o definitiva) del trabajo y el alejamiento forzoso de los seres queridos.
En el interior, la atmósfera era una mezcla de devoción religiosa y desesperación. Como la medicina de la época avanzaba a tientas, la atención se confiaba más a la oración y a la disciplina que a los fármacos.
El aislamiento sanitario se convertía a menudo en aislamiento humano, una dinámica interesante también para quienes hoy se ocupan de comunicación sanitaria: la gestión del riesgo epidémico no se refiere solo a los protocolos clínicos, sino también a la percepción colectiva y a la narrativa pública de la enfermedad.
Un ejemplo célebre de lazareto es el de Milán, inmortalizado por Alessandro Manzoni en Los novios, donde el relato de los contagios y del aislamiento de los enfermos ofrece una imagen vívida del sufrimiento y de las normas de los lazaretos lombardos.
La prevención: la herencia de los lazaretos
Con el progreso científico entre los siglos XIX y XX, gracias a los estudios de Pasteur y Koch sobre la teoría de los gérmenes, el aislamiento se convirtió en una práctica más específica y organizada. Los lazaretos desaparecieron progresivamente, sustituidos por:
- hospitales especializados,
- unidades de enfermedades infecciosas,
- protocolos de rastreo,
- vacunaciones
A pesar de la dureza del aislamiento, los lazaretos representaron un gran ejemplo de prevención. Por primera vez en la historia, el Estado asumía la responsabilidad de la salud colectiva a través de:
- La cuarentena.
- La desinfección: se quemaba la ropa de los apestados y se utilizaban humos de hierbas aromáticas o vinagre para “purificar” cartas y monedas.
- El seguimiento: la creación de oficinas de sanidad que llevaban registros de fallecimientos y de ingresos.