La atención primaria en España: el eslabón que necesita refuerzo

Urgencias saturadas, listas de espera y desigualdades entre comunidades autónomas: qué le pasa al primer nivel asistencial y por qué importa

El reto de la atención territorial


Uno de cada cuatro españoles tuvo dificultades para acceder a su médico de cabecera el año pasado. No por falta de voluntad, sino por esperas que superan los ocho días de media, centros de salud masificados o consultas que no dan abasto. Es la señal de un sistema bajo presión: España envejece, la proporción de mayores de 65 años alcanzará el 30% en 2050, según el INE, y con ello crece el peso de las enfermedades crónicas. Casi cuatro de cada diez españoles conviven ya con una dolencia de larga duración: condiciones que exigen seguimiento continuado, no accesos puntuales al hospital.

Un sistema valorado, pero con grietas visibles



El Sistema Nacional de Salud español figura entre los mejores del mundo en cobertura universal y resultados clínicos. Pero bajo esa imagen de solidez, la atención primaria, la puerta de entrada al sistema, acumula tensiones que cada vez son más difíciles de ignorar.

El Barómetro Sanitario 2024 (CIS/Ministerio de Sanidad) lo confirma con datos: el 44,6% de los ciudadanos acudió a urgencias públicas en el último año, seis puntos más que en 2023. Solo el 25,1% de quienes pidieron cita con su médico de cabecera fue atendido el mismo día o al siguiente; el resto esperó una media de 8,3 días.

El problema del gasto: lo urgente siempre gana

Según el Perfil Sanitario Nacional 2023 de la OCDE, el 28% del gasto sanitario español va a la atención hospitalaria y el 35% a la atención ambulatoria especializada. La atención primaria es el nivel menos dotado.

Cuando el primer nivel no absorbe la demanda, la presión sube hacia recursos mucho más caros: urgencias hospitalarias, especialistas, ingresos evitables. El salto en el uso de urgencias de 2023 a 2024 no refleja que los españoles estén más enfermos, sino que encuentran más dificultades para ser atendidos por su médico de cabecera.

17 comunidades, 17 realidades distintas

El SNS español es uno de los más descentralizados de Europa: cada comunidad autónoma gestiona su propio sistema de salud, con presupuestos, modelos organizativos y resultados muy distintos. El 39,7% de los ciudadanos considera que la sanidad pública no presta los mismos servicios independientemente de dónde se resida (Barómetro Sanitario 2024).

La desigualdad más llamativa está en el gasto en atención primaria: de 402 euros per cápita en Extremadura a apenas 150,9 en la Comunidad de Madrid, con una media nacional de 287,4 euros (FADSP, 2024). Esa brecha de casi tres a uno se traduce en diferencias reales según el código postal del paciente.

El médico de familia: el eslabón más tensionado


España no tiene, en términos globales, escasez de médicos: 633 colegiados por cada 100.000 habitantes en 2024, el dato más alto de su historia (CGCOM, 2025). El problema no es cuántos médicos hay, sino dónde trabajan y en qué especialidad.

La medicina de familia concentra las mayores carencias. Los cupos superan con frecuencia los límites recomendados, lo que reduce el tiempo por paciente y empuja hacia urgencias lo que podría resolverse en primaria. Solo en Madrid faltan 321 médicos de familia y 44 pediatras (AMYTS, junio 2026). En zonas rurales la situación es estructuralmente más grave.

A esto se suma la dificultad de atraer médicos jóvenes a la especialidad: retribuciones inferiores a las hospitalarias, carga de trabajo elevada y menor reconocimiento dentro de la propia profesión. El CGCOM advierte de que, más que hablar de escasez, lo urgente es planificar con incentivos que corrijan los desequilibrios territoriales.

Reformas en marcha, resultados desiguales

El Componente 18 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) contempla inversiones específicas para el primer nivel asistencial, orientadas a la digitalización, la mejora de infraestructuras y el refuerzo de los equipos de atención primaria.

Recientemente, el Ministerio de Sanidad distribuyó 172 millones de euros entre las comunidades autónomas con ese fin.

Sin embargo, la descentralización hace que el impacto sea desigual.Cada comunidad autónoma las implementa a su ritmo, con sus propios criterios y con presupuestos muy distintos. El riesgo es que los recursos lleguen sin transformar el modelo de fondo: centros de salud que siguen masificados y una atención primaria que sigue siendo el nivel menos valorado del sistema, pese a ser el más utilizado.

Los modelos europeos que funcionan, los centros de salud austriacos y la atención primaria escandinava, muestran que el camino existe. 

En esos sistemas, el médico de familia no trabaja solo: cuenta con equipos multiprofesionales que le permiten resolver en el primer nivel lo que hoy acaba en urgencias o en el especialista.

Qué pueden hacer las empresas del sector


Las empresas que operan en el ámbito sanitario pueden contribuir a mejorar la eficiencia asistencial sin esperar cambios normativos. Algunas palancas ya disponibles:

  • Tecnología clínica: herramientas digitales que reduzcan la carga administrativa y mejoren la interoperabilidad entre niveles asistenciales.
  • Optimización de procesos: flujos de citación y derivación más ágiles para reducir tiempos muertos y mejorar la experiencia del paciente.
  • Telemedicina: especialmente útil para el seguimiento de crónicos, reduce visitas presenciales innecesarias y mejora la adherencia terapéutica.
  • Formación digital: acompañar a los profesionales en la adopción de herramientas tecnológicas para que sean una ayuda real, no una carga añadida.