John Snow y el cólera: cómo nació la epidemiología moderna
En 1854, un médico londinense convirtió una epidemia de cólera en una investigación basada en datos, mapas y comparaciones entre poblaciones, y contribuyó así al nacimiento de la epidemiología moderna
Londres, el cólera y la teoría de los miasmas
En el Londres de 1854, el cólera era una amenaza recurrente y todavía misteriosa. La medicina de la época explicaba las epidemias sobre todo a través de la teoría de los miasmas: según esta concepción, las enfermedades se propagaban por el aire mediante emanaciones nocivas.
En este contexto apareció John Snow, médico londinense nacido en York en 1813 y ya interesado en el estudio de las enfermedades infecciosas. Snow había llegado a una convicción distinta: el cólera podía transmitirse a través de la ingestión de agua contaminada. En 1849 había publicado On the Mode of Communication of Cholera, donde defendía esta hipótesis frente a la interpretación dominante.
Cuando en el verano de 1854 una epidemia golpeó Soho, Snow tuvo la oportunidad de poner a prueba sus ideas mediante la observación sistemática de los casos, de las muertes y de sus posibles fuentes de exposición en el barrio.
El mapa que cambió la medicina
Snow recopiló información sobre las viviendas y las muertes, con el objetivo de reconstruir dónde vivían las víctimas y qué agua bebían. Marcó en un plano de calles los puntos de fallecimiento y obtuvo una visualización que hablaba por sí sola: las víctimas se concentraban de forma casi perfecta alrededor de la bomba pública de Broad Street. Después añadió un detalle metodológico destinado a convertirse en un modelo: comprobó sistemáticamente las excepciones. ¿Por qué los trabajadores de la Broad Street Brewery, a pocos pasos de la bomba, no habían enfermado? Porque recibían cerveza y no bebían el agua de la bomba de Broad Street. ¿Por qué una mujer fallecida en Hampstead, lejos del foco, figuraba entre las víctimas? Porque se hacía llevar a casa precisamente el agua de esa bomba, que le parecía especialmente buena.
Snow presentó sus observaciones al Board of Guardians de la parroquia de St James, que ordenó retirar la palanca de la bomba. El brote se extinguió. La palanca ya era el símbolo de algo más grande: la posibilidad de frenar una enfermedad actuando a partir de los datos en lugar de las teorías.
La segunda aportación metodológica de Snow tuvo una escala aún mayor. Comparó las tasas de mortalidad por cólera entre los habitantes de Londres abastecidos por dos compañías de agua diferentes:
- Southwark and Vauxhall Water Company: captaba el agua del Támesis en un punto situado aguas abajo de las alcantarillas de la ciudad; sus usuarios presentaron una tasa de mortalidad de 315 muertes por cada 10 000 viviendas.
- Lambeth Water Company: había trasladado su toma de agua aguas arriba de las alcantarillas en 1852; sus usuarios registraron 37 muertes por cada 10 000 viviendas.
Una proporción de aproximadamente 8 a 1. Un resultado que ponía seriamente en entredicho la teoría del miasma.
El legado: el nacimiento de la epidemiología
Snow murió en 1858, con solo 45 años, sin haber visto la confirmación microbiológica de su intuición. Robert Koch no aisló el Vibrio cholerae hasta 1883. Pero lo que Snow había construido no era solo una prueba sobre el cólera: era un método. La recopilación sistemática de datos sobre la población, la representación geográfica de los casos y la comparación de las tasas de enfermedad y mortalidad entre poblaciones sometidas a exposiciones diferentes: estas herramientas siguen siendo hoy los pilares de la epidemiología descriptiva y analítica.
Hoy en día, Snow está considerado una de las figuras fundadoras de la epidemiología moderna. Su mapa de Soho se ha convertido en uno de los ejemplos más célebres de cartografía aplicada a la salud pública y en uno de los primeros casos en los que se utilizó la distribución geográfica de los casos para poner a prueba una hipótesis sobre la transmisión de una enfermedad, un precursor de la cartografía epidemiológica que se utiliza actualmente para analizar la distribución y la propagación de numerosas enfermedades infecciosas, desde las epidemias de COVID-19 hasta la difusión de los virus de la gripe.