El dolor de espalda: causas, prevención y cuándo preocuparse

De la región cervical a la lumbar, el dolor de columna es un trastorno muy extendido. La lumbalgia, su forma más común, es según la OMS la primera causa de limitación funcional en el mundo: casi siempre benigna, exige sin embargo saber reconocer a tiempo las señales de alarma.

Dolor de espalda y lumbalgia: definiciones y cifras

Con el término dolor de espalda se designa de forma genérica el dolor localizado a lo largo de la columna vertebral: se habla de cervicalgia para la región cervical, de dorsalgia para la torácica y de lumbalgia para la región lumbar. Esta última es la forma más frecuente y es a la que se refieren los principales datos epidemiológicos.

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2020 la lumbalgia afectó a 619 millones de personas en todo el mundo y las proyecciones indican que los casos alcanzarán los 843 millones en 2050. Se trata de la primera causa de limitación funcional a nivel mundial, un primer puesto que la convierte en uno de los principales retos para los sistemas sanitarios y para el mundo laboral.

La prevalencia aumenta con la edad hasta los 80 años, con un pico de incidencia entre los 50 y los 55 años, y las mujeres se ven afectadas con más frecuencia que los hombres. El impacto va mucho más allá del dolor: limitación funcional, ausencias laborales, reducción de la calidad de vida y, en las formas crónicas, una carga psicológica que tiende a retroalimentar el síntoma.

Las causas: formas inespecíficas y formas específicas

En la gran mayoría de los casos, alrededor del 90 % según la OMS, la lumbalgia se define como inespecífica: no es posible identificar una enfermedad o una alteración estructural que explique el dolor. Su origen es probablemente multifactorial e implica músculos, ligamentos, articulaciones facetarias y discos intervertebrales. Factores como el estrés, la ansiedad o el miedo al movimiento no son su causa, pero aumentan el riesgo de que el dolor se prolongue en el tiempo.
Las pruebas como la resonancia magnética pueden mostrar protrusiones o signos de desgaste de los discos de la columna vertebral incluso en personas que no tienen dolor de espalda. Por eso, encontrar estas alteraciones no significa necesariamente que sean la causa del dolor.

La lumbalgia específica responde, en cambio, a una causa identificable. Entre las más relevantes se encuentran la hernia discal con radiculopatía, la estenosis del canal vertebral, las fracturas vertebrales por traumatismo o por fragilidad ósea, las espondiloartritis, las infecciones como la espondilodiscitis y las localizaciones neoplásicas, primarias o metastásicas. Por último, el dolor lumbar puede ser referido desde órganos extravertebrales, como los riñones o la aorta abdominal.

Prevención: movimiento, estilo de vida y ergonomía

La OMS señala entre los principales factores de riesgo de la lumbalgia inespecífica la escasa actividad física, el tabaquismo, la obesidad y la elevada carga física en el trabajo. En estos elementos se centra la acción preventiva, en la que el profesional sanitario desempeña un papel de asesoramiento directo:

  • Actividad física regular: el ejercicio terapéutico, con trabajo de fuerza, resistencia y control motor del tronco, es la intervención con la evidencia más sólida tanto en prevención como en el manejo de las recidivas.
  • Control del peso corporal: la reducción del sobrepeso disminuye la carga mecánica sobre la columna lumbar y se asocia a una mejor capacidad de movimiento.
  • Abandono del tabaco: el tabaquismo es un factor de riesgo reconocido y constituye un argumento más a favor de los programas de deshabituación tabáquica.
  • Ergonomía laboral: puestos de trabajo adecuados, pausas activas y técnicas correctas de manipulación de cargas reducen la sobrecarga en las profesiones de riesgo, incluidas las sanitarias.
  • Sueño y gestión del estrés: la calidad del descanso y el bienestar psicológico influyen en la percepción del dolor y en el riesgo de cronificación.

Incluso durante un episodio agudo, el mensaje clave es mantenerse activo: no se recomienda el reposo prolongado en cama, mientras que mantener las actividades cotidianas, en la medida en que el dolor lo permita, favorece la recuperación.

Cuándo preocuparse: las banderas rojas

El núcleo de la valoración clínica es la identificación de las llamadas banderas rojas, signos y síntomas que sugieren una patología específica y requieren estudios dirigidos:

  • Síndrome de la cola de caballo: anestesia en silla de montar, retención urinaria o incontinencia, déficits motores bilaterales. Constituye una urgencia quirúrgica.
  • Déficits neurológicos progresivos: pérdida de fuerza, alteraciones de los reflejos o de la sensibilidad que empeoran con el tiempo.
  • Sospecha neoplásica: antecedentes de cáncer, pérdida de peso inexplicada, dolor nocturno o en reposo que no se modifica con la postura.
  • Sospecha infecciosa: fiebre, inmunodepresión, infecciones recientes o consumo de drogas por vía intravenosa.
  • Sospecha de fractura: traumatismo significativo, osteoporosis conocida o tratamiento prolongado con corticoides.
  • Dolor referido vascular o visceral: dolor abdominal o lumbar pulsátil que obliga a descartar un aneurisma de aorta abdominal.

En ausencia de banderas rojas, no están indicadas las pruebas de imagen de rutina. La valoración inicial, a menudo a cargo del médico de familia, se basa en una anamnesis detallada y una exploración física: martillo de reflejos osteotendinosos, pruebas de tensión neural como la maniobra de Lasègue, valoración de la fuerza y la sensibilidad. En el ámbito de la rehabilitación y la fisioterapia, los goniómetros y los inclinómetros permiten además medir de forma objetiva la movilidad de la columna y seguir los progresos del tratamiento rehabilitador.